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Y aún as´ı las acusaciones de inexactitudes de Elphias Doge han echo eco en muchos lugares. ¿Realmente Skeeter piensa que cuatro cortas semanas son suficientes para tener un cuadro completo de la larga y extraordinaria vida de Dumbledore?

“Oh, querido,” sonr´ıe Skeeter golpeándome afectuosamente los nudillos,

“¡Sabes tan bien como yo cuanta información puede ser generada con una bolsa de galeones, una negativa a escuchar la palabra ”no 2 una linda y afilada ”Vuela pluma¡ De todas formas la gente hac´ıa cola para entregarme en bandeja las confabulaciones de Dumbledore. No todos pensaban que era tan maravilloso,

¿sabes? Pisó una horrible cantidad de importantes pies. Pero el viejo Dodgy Doge puede ir bajándose de su alto hipogrifo, porque tuve acceso a una fuente por la que la mayor´ıa de los periodistas hubieran agitado sus varitas, una que nunca hab´ıa hablado en público antes y que estuvo muy unida a Dumbledore durante la más turbulenta y angustiosa etapa de su juventud.”

La publicidad anticipada de la biograf´ıa de Skeeter hab´ıa sugerido que ciertamente habr´ıa abundantes sobresaltos para aquellos que cre´ıan que Dumbledore hab´ıa llevado una vida libre de culpas. ¿Cuáles eran las grandes sorpresas que encubr´ıa? Le pregunté.

“Venga, vamos, déjalo, Betty, ¡no voy a revelar todo lo destacable antes de que nadie compre el libro!” Skeeter se echó a re´ır, “pero te prometo que cualquiera que todav´ıa piense que Dumbledore era tan blanco como su barba

¡es susceptible a sufrir un duro despertar! Digamos solamente que nadie que lo haya o´ıdo rabiar contra Ya-sabes-quien hubiera so˜nado que él mismo chapoteó en las Artes Oscuras en su juventud. Y para un brujo que pasó sus últimos a˜nos defendiendo la tolerancia, no era exactamente abierto de mente cuando era más joven. Si, Albus Dumbledore tiene un pasado extremadamente oscuro, por no mencionar una familia muy sospechosa, que se empe˜nó muy duro en mantener oculta.”

Pregunté a Skeeter si iba a hacer referencia al hermano de Dumbledore, Aberforth, que fue encarcelado por mal uso de la magia por el Wizengamot causando un escándalo menor quince a˜nos atrás.

“Oh, Aberforth es solo la punta del montón de estiércol,” se rió Skeeter,

“No, no. Estoy hablando de algo mucho peor que un hermano con una afición a mezclarse con cabras, aún peor que un padre mutilador de muggles... De CAPÍTULO 2. EN CONMEMORACI ÓN

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cualquier forma Dumbledore no pudo mantener a ninguno de los dos entre las sombras, el Wizengamot presentó cargos contra ambos. No, eran la madre y la hermana las que me intrigaban y escarbando un poco descubr´ı un verdadero nido de inmundicias, pero como dije, tendrás que esperar a los cap´ıtulos del nueve al doce para obtener los detalles completos. Todo lo que puedo decir ahora es que no me extra˜na que Dumbledore nunca hablara acerca de cómo se rompió la nariz.”

No obstante, las muertes familiares, llevaron a Dumbledore a hacer varios descubrimientos mágicos.

“Ten´ıa cerebro”, concedió, “aunque ahora muchos se preguntan si realmente puede llevarse todo el mérito de sus supuestos logros. Como revelo en el cap´ıtulo dieciséis, Ivon Dillonsby, reclama que ya hab´ıa descubierto ocho usos de la sangre de dragón cuando Dumbledore tomó ”prestados”sus documentos.”

Pero la importancia de algunos de los logros de Dumbledore, no puede, presumo, ser negada. ¿Qué me dice de la famosa derrota de Grindelwald?

“Oh, me alegra que haya nombrado a Grindelwald,” dijo Skeeter con una sonrisa exasperada, “Me temo que esos que ven con inocentes y confiados ojos la espectacular victoria de Dumbledore, deben prepararse a s´ı mismos para una bomba... o tal vez una bomba de estiércol. Un asunto muy escabroso en verdad. Todo lo que diré es que no estén tan seguros de que realmente hubo un espectacular duelo de leyenda. Después de leer mi libro la gente puede verse forzada a concluir que Grindelwald sencillamente conjuró un pa˜nuelo blanco de la punta de su varita y se rindió tranquilamente.”

Skeeter se negó a revelar nada más acerca de este intrigante tema, por lo que nos volcamos en la relación que seguramente fascinará a sus lectores más que cualquier otra.

“Oh, si,” dijo Skeeter, asintiendo vivamente, “dedico un capitulo entero a la relación Potter-Dumbledore. Ha sido llamada poco saludable, incluso siniestra.

Nuevamente, los lectores tendrán que comprar el libro para obtener la historia completa, pero no hay duda de que Dumbledore ten´ıa un interés poco natural en Potter, ya que estamos. Si eso fue realmente para bien del muchacho... ya se verá. Es ciertamente un secreto a voces que Potter ha tenido una adolescencia de lo más problemática.”

Pregunté a Skeeter si aún se manten´ıa en contacto con Harry Potter, a quien tan célebremente hab´ıa entrevistado el a˜no pasado, en un importante avance en el que Potter hablaba en exclusiva de su convicción de que Ya-saben-quien hab´ıa regresado.

“Oh, si desarrollamos un lazo ´ıntimo,” dijo Skeeter, “el pobre Potter tiene muy pocos amigos de verdad, y nos conocimos en uno de los momentos de su vida en el que más duramente fue puesto a prueba... El Campeonato de los Tres Magos. Probablemente soy una de las pocas personas con vida que puede decir que conoce al verdadero Harry Potter.”

Lo que nos lleva a los muchos rumores que aún circulan acerca de las últimas horas de Dumbledore. ¿Piensa Skeeter que Potter estaba all´ı cuando Dumbledore murió?

“Bueno no quiero decir demasiado... está todo en el libro... pero testigos dentro del castillo de Hogwarts vieron a Potter salir corriendo de la escena, momentos después de que Dumbledore cayera, saltara o fuera empujado. ...

después se encontraron evidencias contra Severus Snape, un hombre contra el cual Harry siente un indudable rencor. ¿Es todo lo que parece? Eso queda a juicio de La Comunidad Mágica... una vez que haya le´ıdo mi libro.”

CAPÍTULO 2. EN CONMEMORACI ÓN

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Con esa intrigante nota me despido. No hay duda de que Skeeter ha escrito un bestseller ef´ımero. Mientras que las legiones de admiradores de Dumbledore puede que estén temblando ante lo que pronto saldrá a la luz acerca de su héroe.

Harry llegó al final del art´ıculo y continuó mirando la página inexpresivamente. La repulsión y la furia ascendieron en él como si fuera a vomitar. Hizo una bola con el periódico y lo arrojó con todas sus fuerzas, contra la pared, donde fue a reunirse con el resto de la basura apilada alrededor de la repleta papelera.

Empezó a caminar a zancadas, ciegamente, por la habitación, abriendo cajones vac´ıos y levantando libros solo para volverlos a dejar en el mismo sitio, apenas consciente de lo que estaba haciendo, mientras frases al azar del art´ıculo de Rita hac´ıan eco en su cabeza: Un cap´ıtulo entero a la relación Potter-Dumbledore... Ha sido llamada poco saludable, incluso siniestra... el mismo chapoteó en las artes oscuras en su juventud... tuve acceso a una fuente por la que la mayor´ıa de los periodistas hubieran agitado sus varitas...

“¡Mentiras!” gritó Harry. Y a través de la ventana vio como el vecino de la casa de al lado, que hab´ıa hecho una pausa mientras segaba el césped, miraba nerviosamente hacia arriba.

Harry se sentó en la cama furioso. El pedazo de espejo roto oscilaba; lo levantó y le dio vuelta entre los dedos, pensando... pensando en Dumbledore y en las mentiras con que Rita Skeeter le estaba deshonrando...

Hubo un relámpago de brillante azul. Harry se quedó inmóvil, deslizaba el dedo lastimado sobre el mellado borde del vidrio .Deb´ıa habérselo imaginado...seguramente. Miro por encima del hombro, pero la pared luc´ıa el enfermizo tono melocotón que su t´ıa Petunia hab´ıa elegido. No hab´ıa nada azul all´ı que pudiera ser reflejado por el espejo. Volvió a mirar el fragmento de espejo nuevamente, sin ver otra cosa que sus brillantes ojos verdes devolviéndole la mirada.

Se lo hab´ıa imaginado, no hab´ıa otra explicación. Lo hab´ıa imaginado por haber estado pensando en su director muerto. Si de algo estaba seguro, era que los brillantes ojos azules de Albus Dumbledore, nunca le atravesar´ıan otra vez...

Cap´ıtulo 3

La Partida de los Dursley

El sonido de la puerta delantera al cerrarse hizo eco a través de las escaleras y una voz gru˜nó: “¡Oh! ¡Eres tú!”

Tras dieciséis a˜nos siendo tratado de esa manera Harry no tuvo ninguna duda de que su t´ıo se refer´ıa a él, sin embargo, no respondió inmediatamente. Todav´ıa ten´ıa el peque˜no fragmento de espejo en el cual, por un segundo, hab´ıa cre´ıdo ver los ojos de Dumbledore. Esto antes que su t´ıo gritara, “¡Muchacho!”, Harry bajo lentamente de la cama y se dirigió hacia la puerta del dormitorio, deteniéndose brevemente para meter el pedazo del espejo roto en la mochila con las demás cosas que se llevar´ıa.

“Te tomas tú tiempo ¿eh?” bramó Vernon Dursley cuando Harry apareció en el borde de las escaleras. “Ven aqu´ı. Quiero decirte unas palabras”

Harry bajó, con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones. Cuando entro en el salón se encontró con los tres Dursleys. Estaban preparados para el viaje; T´ıo Vernon con una vieja chaqueta rasgada y Dudley, el vasto, rubio y musculoso primo de Harry con su chaqueta de cuero.

“¿Si?” preguntó Harry.

“¡Siéntate!” dijo T´ıo Vernon. Harry alzó las cejas. “¡Por favor!” a˜nadió T´ıo Vernon, haciendo una ligera mueca cuando la palabra se le atrancó en la garganta. Harry se sentó. Creyó saber lo que estaba por venir. Su t´ıo empezó a pasearse arriba y abajo, T´ıa Petunia y Dudley segu´ıan sus movimientos con expresiones ávidas. Finalmente, su gran cara sonrosada se arrugó por la concentración. T´ıo Vernon se detuvo delante de Harry y habló:

“He cambiado de opinión,” dijo.

“Que sorpresa,” dijo Harry.

“No me vengas con ese tono...” empezó T´ıa Petunia con voz chillona, pero Vernon Dursley le indicó con un gesto que se calmara.

“Todo eso no son más que tonter´ıas,” dijo T´ıo Vernon, mirando fijamente a Harry con sus ojillos de cerdo. ”No voy a creer ni una palabra de ello. Nos quedamos aqu´ı, no vamos a ir a ninguna parte.”

Harry levantó la mirada hacia su t´ıo y sintió una mezcla de exasperación y sorpresa.

Vernon Dursley hab´ıa estado cambiando de opinión cada veinticuatro horas en los últimos cuatro d´ıas, haciendo y deshaciendo el equipaje. El momento preferido de Harry hab´ıa sido cuando t´ıo Vernon sin saber que Dudley hab´ıa metido las pesas en su maleta, hab´ıa intentado levantarla y se hab´ıa derrumbado con un aullido de dolor y profiriendo varios 18

CAPÍTULO 3. LA PARTIDA DE LOS DURSLEY

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juramentos.

“Según tú,” dijo Vernon Durley caminando de un lado a otro. “Nosotros.. Petunia, Dudley y yo... estamos grave peligro. Por... por...”

“Some of ’my lot’right?” dijo Harry.

“No lo creo,” repitió T´ıo Vernon delante de Harry de nuevo.

“He estado despierto la mitad de la noche pensando en todo esto, y creo que es un complot para quedarte con la casa.”

“¿La casa?” repitió Harry. “¿Qué casa?”

“¡Esta casa!” chilló T´ıo Vernon, la vena de su frente empezaba a latir. “¡Nuestra casa!

Los precios de las casas están por las nubes! Quieres quitarnos de en medio y entonces harás eso de ’hocus-pocus’y antes de que nos enteremos la escritura estará a tu nombre y...”

“¿Has perdido la juicio?” exigió Harry. “¿Un complot para conseguir esta casa? ¡Realmente eres tan estúpido como pareces!”

“¡No te atrevas...!” chilló T´ıa Petunia, pero de nuevo, Vernon le indicó que se calmara.

Las groser´ıas, a su modo de ver, no eran nada comparado con el peligro que les esperaba.

“Por si lo has olvidado,” dijo Harry. “Yo ya tengo una casa, mi padrino me dejó una.

¿As´ı que para qué querr´ıa esta? ¿Quizás por todos los recuerdos felices?”

Se hizo un silencio. Harry creyó haber impresionado bastante a su t´ıo con este argumento.

“Afirmas,” dijo T´ıo Vernon, empezando a pasearse de nuevo, “que este Lord lo que sea...”

“... Voldemort,” dijo Harry impacientemente, “y hemos pasado por esto cientos de veces ya. No lo afirmo, es una realidad. Dumbledore te lo dijo el a˜no pasado, y Kingsley y el Se˜nor Weasley...”

Vernon Dursley arqueó los hombros furiosamente, y Harry supuso que su t´ıo ten´ıa intención de evitar menciones a la visita inesperada, a los pocos d´ıas de las vacaciones de verano de Harry, de dos magos adultos. La llegada a los escalones de entrada de Kingsley Shacklebolt y Arthur Weasley hab´ıa sido una sorpresa de lo más embarazosa para los Dursley. Harry ten´ıa que admitir, sin embargo, que como el Se˜nor Weasley hab´ıa demolido medio salón, su reaparición pod´ıa no haber sido esperada con ansia por T´ıo Vernon.

“...Kingsley y el Se˜nor Weasley también te lo explicaron todo” presionó Harry sin remordimientos. “Una vez cumpla diecisiete a˜nos, el encantamiento protector que me mantiene a salvo se romperá, y eso os dejará expuestos tanto a mi como a vosotros.

La Orden está convencida que de Voldemort irá a por vosotros, ya sea para torturaros e intentar averiguar donde estoy, o bien porque crea que tendiéndoos como rehenes yo iré para rescataros”

Los ojos de T´ıo Vernon y Harry se encontraron. Harry tuvo la seguridad en ese instante de que ambos se preguntaban lo mismo. Entonces T´ıo Vernon siguió caminando y Harry continuó, “Tenéis que ocultaros y la Orden os ayudará. Se os ha ofrecido protección seria, la mejor que puede haber.”

T´ıo Vernon no dijo nada, pero continuó paseando arriba y abajo. Fuera, el sol no alumbraba ya los setos privados. El cortacésped del vecino de la puerta de al lado se CAPÍTULO 3. LA PARTIDA DE LOS DURSLEY

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paró de nuevo.

“¿No hab´ıa un Ministerio de Magia?” preguntó Vernon Dursley repentinamente.

“Lo hay” dijo Harry, sorprendido.

“Bien, ¿entonces, por qué no pueden protegernos? ¡A m´ı me parece que, como v´ıctimas inocentes, deben dar refugio a un hombre marcado, deber´ıamos reunir los requisitos para la protección gubernamental!”

Harry rió; no pudo contenerse. Era muy t´ıpico de su t´ıo poner sus esperanzas en las autoridades, incluso del mundo que tanto despreciaba y en el que no confiaba.

“Ya oiste lo que dijeron el Se˜nor Weasley y Kingsley” replicó Harry. “Creemos que hay infiltrados en el Ministerio.”

T´ıo Vernon fue a zancadas hasta la chimenea y volvió hacia atrás, respirando tan fatigosamente que su gran bigote negro se sacud´ıa, con la cara todav´ıa sonrosada por la concentración.

“Muy bien,” dijo, deteniéndose de nuevo delante de Harry. “Muy bien, digamos, para terminar la discusión, que aceptamos esa protección. Aún as´ı no veo por qué no podemos tener a ese tipo, Kingsley.”

Harry se contuvo para no poner los ojos en blanco con dificultad. Esa pregunta también hab´ıa sido formulada media docena de veces.

“Como ya te he dicho,” dijo con los dientes apretados, “Kingsley está protegiendo al Primer Ministro mug... quiero decir, a vuestro Primer Ministro”

“¡Justamente... ya que es el mejor!” dijo T´ıo Vernon, se˜nalando a la negra pantalla del televisor. Los Dursley hab´ıan distinguido a Kingsley en las noticias, caminando discretamente tras el Primer Ministro Muggle mientras este visitaba un hospital. Esto, y el hecho de que Kingsley hab´ıa dominado con habilidad el talento para vestir como un muggle, por no mencionar cierta cualidad tranquilizadora en su voz pausada y profunda, hab´ıan provocado que los Dursley aceptaran a Kingsley como no hab´ıan hecho con ningún otro mago, aunque era cierto que nunca le hab´ıa visto en acción.

“Bueno, está ocupado” dijo Harry. “Pero Hestia Jones y Dedalus Diggle están más que preparados para el trabajo...”

“Si hubieramos visto curriculums..” empezó T´ıo Vernon, pero Harry perdió la paciencia. Poniéndose en pie avanzó hacia su t´ıo, ahora se˜nalando también al mismo televisor.

“Esos accidentes no son realmente accidentes... los conflictos, explosiones y descarri-lamientos y todo lo demás que ha sucedido desde que vimos por última vez las noticias.

La gente está desapareciendo y muriendo y él está detrás... Voldemort. Te lo he dicho una y mil veces, mata muggles por pura diversión. Incluso la niebla... está causada por los dementores, ¡y si no puedes recordar lo que son pregunta a tu hijo!”

Dudley se cubrió la boca con las manos. Con los ojos de Harry y los de sus padres mirándoles, las volvió a bajar lentamente y preguntó. “¿Hay... más de ellos?”

“¿Más?” rió Harry. “¿Más aparte de los dos que nos atacaron, quieres decir? Por supuesto que los hay, hay cientos, quizá miles ahora, alimentándose de miedo y desesperación...”

“Muy bien, muy bien,” fanfarroneó Vernon Dursley, “has dejado claro tu punto de vista...”

“Eso espero,” dijo Harry, “porque una vez cumpla diecisiete, todo ellos... mort´ıfagos, CAPÍTULO 3. LA PARTIDA DE LOS DURSLEY

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dementores, quizás incluso infer´ıs... que son cadáveres encantados por un mago oscuro...

podrán encontraros y atacaros. Y si recordáis la última vez que intentasteis huir de magos, creo que estaréis de acuerdo en que necesitaréis ayuda.”

Hubo un momentáneo silencio en el que el eco distante de Hagrid echando abajo una puerta principal de madera pareció reflejar los pasados a˜nos. T´ıa Petunia estaba mirando a T´ıo Vernon; Dudley estaba mirando fijamente a Harry. Finalmente T´ıo Vernon balbuceó.

“¿Pero y mi trabajo? ¿Y la escuela de Dudley? Supongo que esas cosas no importan a una cuadrilla de magos fuera de la ley...”

“¿No lo entiendes?” gritó Harry. “¡Os torturarán y matarán como hicieron con mis padres! ”

“Papá,” dijo Dudley en voz alta. “Papá... yo me voy con esa gente de la Orden.”



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